
Vive Vibra Verde y su innovación con triple impacto es uno de los finalistas de la categoría Uso Eficiente de Recursos de la V Convocatoria RECON para Emprendimientos Sociales liderados por jóvenes
“Ver como el planeta se va acabando por todo lo que le quitamos a la naturaleza es indignante”. Pasar de preocuparse por el medio ambiente a ocuparse de la protección del medio ambiente. Esa fue la decisión tomada por el emprendimiento social Vive Vibre Verde, un colectivo ambiental que en la localidad de Kennedy en Bogotá, puso manos en acción, o mejor dicho, ¡en residuos!
Para mitigar el impacto ambiental y evitar que toneladas de desechos orgánicos vayan a parar al relleno sanitario Doña Juana, Vive Vibra Verde se dedicó a reciclarlos y transformarlos en abonos orgánicos que finalmente pueden ser reutilizados y comercializados.
Desde el barrio Carvajal Osorio, a pedalazos, avanza un movimiento comunitario que está en expansión para mitigar las miles de toneladas de residuos aprovechables que se entierran en el relleno de los capitalinos. Las rutas de recolección que recogen el material orgánico a 420 familias del territorio se hacen en triciclo 3 días por semana, siempre con educadores de reciclaje a bordo.
“Con Vive Vibra Verde estamos dedicados a educar, re escoger y transformar residuos orgánicos vegetales crudos para convertirlos en abonos orgánicos para compartirlo con la comunidad fomentando las huertas comunitarias y comercializarlo como un ejercicio de sostenibilidad del emprendimiento social”, explica Yuly Gallego, directora y cofundadora de Vive Vibra Verde.
Más de 6 mil toneladas de residuos de todo tipo llegan a diario al Relleno Doña Juana. Mitigar ese impacto ambiental los motivó a iniciar. Son un equipo de 5 personas tiempo completo que actuaron y movilizan a más personas pensando en la situación ambiental del relleno, de la ciudad, y las condiciones en que las personas que conviven cerca de Ciudad Bolívar.
“Es como si diariamente 210 ballenas de edad adulta las enterráramos allá. Lo que nos entristece es que cerca del 50% de estos residuos son orgánicos, que si los procesáramos y aprovecháramos, haríamos una transición entre fertilizantes químicos a base de glifosato a abonos orgánicos con los que se cultivarían alimentos más sanos. Tal vez no es mucho lo que podemos hacer, pero sabemos que al menos una esquinita sí le estamos quitando”, cuenta Yuly, emprendedora social joven, a cerca de su labor.
Un modelo de negocio y creación de conciencia ambiental que se replica
De la mano de Don Wilson, Doña Flor Mecon -presidenta de la Junta de Acción Comunal y don Eduardo, un adulto mayor quien transmite al equipo los conocimientos en bio preparados, siembra y cultivos, el sueño de trabajar por el medio ambiente se impulsó.
“Nuestro proceso es completamente diferente. Encontramos después de muchas pruebas que con un proceso de deshidratación solar, es decir poner al sol los residuos durante aproximadamente cuatro días, podíamos producir abonos orgánicos. Sí, hacemos abono orgánico deshidratado, un proceso que no genera moscos, lixiviados ni malos olores, y lo hacemos en un espacio de 120 metros cuadrados evitando que 6,7 toneladas de únicamente residuos orgánicos lleguen a Doña Juana. Esa es nuestra esquinita, que para nosotros es muy significativa”, expresa Yuly sobre su emprendimiento e impacto ambiental.

De manera colateral, ayudan a dignificar la labor de los recicladores de oficio quienes encuentran en mejores condiciones el material sólido reutilizable. Parte de su labor también consiste en colectar ecobotellas y aceite usado en su centro de acopio para evitar las inadecuadas disposiciones finales.
“Son dos años y medio que llevamos transformando las vidas de las familias que están a nuestro alrededor. Cuando la ruta verde hace su recorrido las familias ya han hecho su separación de residuos y nos los entregan para que nos encarguemos de transformarlos”
Actualmente cuentan con una producción mensual de 1.200 kilos de abono orgánico deshidratado y fortalecen los procesos pedagógicos donde las familias son conscientes de los diferentes procesos de economía circular y la oportunidad de crear huertas urbanas comunitarias y en casa.
No reciclar la naturaleza nos lo puede cobrar
El país se recicla menos del 17% de la cantidad de residuos que produce, generando en 2019 más de 26,46 millones de toneladas en 2019 según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane). Se considera que la basura diaria que se genera en los hogares contiene un 50% de materia orgánica, material que se podría gestionar de la manera que ofrece este Emprendimiento Social para evitar el colapso en un lapso corto de los rellenos sanitarios existentes.

“Lo hemos hecho mal toda la vida, es la oportunidad de hacerlo mejor. Queremos pasar de 420 familias a recoger en el 2025 los residuos de 3400 familias del entorno, sensibilizadas, evitando que 54 toneladas de residuos lleguen al relleno, produciendo y comercializando 9,6 toneladas de abono orgánico”.
Actualmente cuentan con el apoyo de la JAC del Barrio Carvajal Osorio y esperan replicar y conseguir el apoyo de las Junta de Acción Comunal circunvecinas que ascienden a 1.800.
Por esta razón Vive Vibra Verde y su innovación con triple impacto es uno de los finalistas de la categoría Uso Eficiente de Recursos de la V Convocatoria RECON para Emprendimientos Sociales liderados por jóvenes.
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