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Sí, ha llegado el momento / Columna de opinión

27 septiembre, 2018 - Autor: Recon

El emprendimiento social se ha disparado en el escenario mundial, con una tendencia vocacional a centrarse más en el propósito de resolver problemáticas sociales que en el lucro.

Colombia, con sus innumerables desafíos sociales y su dinámica única, no es una excepción, al destacar una gran capacidad de innovación y creatividad social en las regiones, como lo podemos ver con las industrias culturales en las costas Atlántica y Pacífica; la tecnología y comunicaciones en Antioquia; el emprendimiento, la generación de empleo y la educación en Bogotá D. C. y Cundinamarca, y la promoción de la cultura de paz y los derechos humanos en Santander, Norte de Santander, Cauca, Caquetá y Meta, entre otros.

No obstante lo anterior, no hay un marco regulatorio ni políticas públicas que generen un ecosistema óptimo para los emprendedores sociales. Es así como estas empresas deben enfrentar una batalla cuesta arriba con baja visibilidad, falta de acceso al crédito, un entorno regulatorio adverso y una legislación financiera turbia que restringe aún más un ecosistema adecuado para ellas.

Recientemente, la organización Recon, con el apoyo de Suecia y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), realizó esta primera encuesta dirigida a emprendedores sociales del país, interrogando a 500 emprendedores(as) sociales. En ella resalta que el 100 por ciento de ellos trabajan en beneficio de poblaciones vulnerables, que están reduciendo las brechas de discriminación y participación; el 50,6 por ciento de emprendimientos sociales son liderados por hombres y el 49,4, por mujeres, una relación 1:1.

Sin embargo, el 61,2 por ciento no se ha formalizado; el 85,6 aseguró que inició su emprendimiento con recursos propios y ahorros personales, destacando que solo el 2,2 por ciento ha recibido recursos de programas del Estado; menos del 12 por ciento han recibido capacitaciones del Estado para ayudar a hacer más fuertes sus emprendimientos; y, en relación con los ingresos que reciben los líderes de las iniciativas, el 65,8 por ciento percibe menos de un salario mínimo, el 16 recibe dos salarios mínimos mensuales; el 11,3, un salario mínimo mensual, y solo el 6,9 por ciento, tres salarios mínimos o más.

Esta ausencia de política pública y marco regulatorio es contraria a lo que sucede en países como Chile y México, donde no hay un marco normativo, pero sí de políticas públicas enfocadas al emprendimiento social, con el propósito de ayudar en dos objetivos: formación e impulso para la sostenibilidad.

En países europeos existen no solo políticas públicas avanzadas, sino un marco regulatorio. En Finlandia, Lituania, Italia y Eslovenia crearon leyes para empresas sociales; en Polonia y Portugal las hay para cooperativas sociales; en el Reino Unido existe un decreto que permite la creación de la figura legal de ‘empresa de interés comunitario’, entre otras.

En Colombia estamos distantes de los ejemplos anteriores. Aunque el pasado 18 de junio fue sancionada la Ley 1901 de 2018, que crea un modelo empresarial en Colombia denominado BIC, no está enfocada a emprendimiento social. No hemos comprendido la gran oportunidad de promover la innovación social existente en el país. Se hace urgente propiciar un marco legal y una política pública que fomente el emprendimiento social con un enfoque diferenciador en sus obligaciones comerciales y tributarias a los emprendimientos convencionales o comerciales, para promover el empresariado social.

Debemos entender que con el emprendimiento social se dan soluciones a problemáticas sociales, pero también se aporta de manera notable a la economía y al empleo del país. En Colombia hemos subestimado su potencial, pero la realidad nos enseña lo contrario en cifras. Por ejemplo, según el Comité Económico Social Europeo en su informe ‘Evolución reciente de la economía social en la Unión Europea’, presentado en 2017, la economía social en este continente es cada vez más relevante, pues proporciona empleo a más de 14,5 millones de europeos, y en países como Suecia, Bélgica, Italia, Francia y Holanda representa entre el 9 y el 11,5 por ciento de la población ocupada.

Hoy tenemos miles de emprendimientos con un nivel innovador muy alto, inspirados en crecer y ser sostenibles en todo el territorio colombiano.

Por primera vez, un presidente de la república –Iván Duque– ha mencionado dentro de su programa de gobierno, como eje central, el emprendimiento, las industrias culturales y la economía naranja, asegurando que “ha llegado el momento de hacer del emprendimiento la base de nuestro progreso económico y social”. Con esto se abre una gran puerta para generar los esfuerzos con el fin de tener un marco regulatorio y una política pública acorde con los emprendedores sociales en Colombia y desarrollar un ecosistema favorable para su sostenibilidad y rentabilidad.

Así, Colombia se podría convertir en uno de los países con más innovación social en el mundo.

Andrés Santamaría

Director de Recon

Vía: El Tiempo

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