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Llevando el inglés a Siloé

6 noviembre, 2018 - Autor: Recon Colombia

Lilibeydy Manrique y su hermano, Adarley, crearon un colegio para niños que busca entregar educación de calidad a bajo costo.

¿Quién es Lilibeydy Manrique?

Soy Lili, profesora de inglés, licenciada en lenguas extranjeras y emprendedora social en proceso.

¿Qué es el Colegio La Fontaine?

Es una iniciativa de emprendimiento social que comenzó en la comuna 20 de Cali (más conocida como Siloé), con 70.000 habitantes, donde el 85 % de ellos viven en estrato 1 y no tienen acceso a educación de calidad y bilingüismo; algo a lo que sí tienen acceso las personas de estratos más altos. Entonces el colegio nace como una iniciativa de llevar educación de calidad y formación con énfasis en inglés a bajo costo para personas de estratos 1 y 2.

¿Cómo funciona el colegio, quién los financia, los profesores donan el tiempo?

El colegio es autosostenible porque las mismas familias de la comunidad pagan una mensualidad, y lo que hacemos es establecer alianzas con el sector privado o con la academia y ONG, para poder recortar costos y así lograr ofrecer la educación de calidad a bajo costo. Nuestros profesores son voluntarios internacionales que enseñan inglés, pero también ofrecemos empleo a seis docentes que pertenecen a la misma comunidad.

Recon los hizo públicos, ¿qué pasó cuando eso sucedió?

Recon nos ayudó a visibilizar nuestra iniciativa, y es curioso porque como actores sociales podemos estar dos, tres, cuatro años en el mismo lugar, y las mismas personas de la comunidad no nos conocemos con otras organizaciones sociales de la misma comuna. Entonces por ahí comenzó la visibilidad. Cuando empezamos a salir en periódicos, en la radio o en el noticiero, las familias de la comunidad empezaron a llegar al colegio para querer vincular a sus hijos a esta apuesta educativa. Logramos establecer alianzas con universidades de la ciudad, con ellos implementamos programas nuevos. Y con el capital semilla que ganamos con el primer lugar en la categoría educación, abriremos nuestro laboratorio este año llamado Makerspace, un lugar común de creación tanto para los niños como para la comunidad.

¿Qué pasa cuando un niño de bajos recursos tiene acceso a educación bilingüe?

El inglés te da acceso a la información, y la brecha de desigualdad que tenemos en nuestro país se debe en gran medida a que falta información. Un niño de estrato 1 o 2 tiene menos años de educación que un niño que vive en un estrato alto: mientras uno puede llegar a tener hasta 18 años de educación, el otro tal vez no llega a los diez; entonces si un niño desde temprana edad está expuesto a una lengua extranjera, pues tiene múltiples beneficios no solo para su cerebro, para poder pensar de manera divergente, para ser una persona empática, para convertirse en un ciudadano global; sino también en el futuro, porque si por circunstancias de la vida no accede a educación superior, tener el inglés le dará una herramienta para tener un mejor ingreso salarial o para acceder a mejores oportunidades en su vida.

¿Cómo nació el colegio y por qué tomaron la decisión de hacerlo?

El colegio es una iniciativa familiar. Mi hermano y yo crecimos en Siloé, y él cuando era adolescente quería aprender inglés, pero no había los recursos para hacerlo porque es muy costoso; por eso tan solo uno de cada diez colombianos habla inglés, porque es muy costoso aprender. Entonces él se compró un diccionario (que le costó $3.000), todos los días estudiaba palabras o frases, y él mismo se enseñó. Logró ir a la universidad, estudió inglés y francés, y cuando cumplió su sueño volvió a la comunidad a compartir ese sueño con los niños, con las nuevas generaciones.

¿Y cómo entra Lili al proyecto?

Él me contó su sueño, ambos somos licenciados en lenguas, habíamos enseñado inglés en colegios y universidades; entonces los dos hicimos un alto en el camino, dijimos que teníamos que volver a nuestras raíces, ir a donde empezamos y retornamos este trabajo a la misma comunidad.

¿A cuántos niños han impactado?

Comenzamos con 45 niños en el año 2015 y hoy tenemos 137 en edades de preescolar y primaria desde jardín hasta quinto de primaria.

¿Cómo proyectan el futuro?

Colegio La Fontaine puede ser una idea replicable en la ladera de Cali, que está compuesta por tres comunas, pero antes de replicarlos queremos ampliar la cobertura y ofrecer desde el año 2020 educación básica secundaria, de esa forma llevaríamos a los niños desde jardín hasta grado 11, asegurarnos de que vayan a la universidad, que accedan a oportunidades laborales, y poder ver a largo plazo cómo el inglés es un factor de cambio en nuestro país.

Toca dos temas importantes: autosostenibilidad, por un lado; y elevados costos de la educación por otro, además de estar en una zona con bajos recursos. ¿Cómo logran que esas familias les paguen?

A veces pensamos que para que una empresa pueda funcionar necesita mucho dinero, pero nosotros hemos descubierto que en el sector social los aliados juegan un papel muy importante, entonces es autosostenible en la medida en que no dependemos de donaciones para funcionar, porque las mismas familias con sus aportes (pagan $100.000 mensuales) hacen que el colegio se pueda sostener. Ya cuando hablamos de escalar, es ampliar cobertura e innovar, porque la innovación es costosa. Entonces cómo innovamos: con el bilingüismo, pero lo hacemos a bajo costo porque tenemos voluntarios internacionales. La tecnología nos sale a bajo costo porque nos donaron los veinte computadores para abrir la sala de sistemas, y lo que está pasando es que convergen muchos actores con los que vamos bajando los costos.

Y para los niños cuyos padres no logran conseguir los $100.000, tenemos un programa de apadrinamiento con ciudadanos que se han sintonizado con nuestro objetivo y ahora son padrinos de niños del colegio. Tenemos a doce niños apadrinados y fue un programa piloto que comenzamos este año. Sabemos que el próximo año podremos llegar a 50 niños apadrinados que puedan estudiar en el colegio.

¿Cuál es la inversión para que un niño vaya a estudiar en este colegio?

En un año un niño va al colegio por diez meses, hay un pago de matrícula y de mensualidad, en total es alrededor de $1’200.000 por el año. Tenemos papás con negocios informales, o que trabajan en empresa de seis a seis, pero que le apuestan a que su hijo tenga una mejor educación. En este tipo de comunidades hay colegios, incluso privados, que no cuestan mucho pero que tienen calidad educativa baja, y los colegios públicos todavía tienen muchas cosas por mejorar en cuanto al número de estudiantes por salón y al tipo de servicios que se ofrecen.

¿Educan exclusivamente a niños o han pensando en los adultos?

El foco es niños, pero creamos una organización en el camino que se llama Fundación Able, llegamos al tipo de público al que no llegamos con el colegio, que son jóvenes adolescentes, mujeres y adultos. Funciona en la misma sede del colegio los sábados, por $10.000 o $15.000 mensuales hay muchachos de 9°, 10° y 11° estudiando inglés con nosotros. Tenemos programas de inglés conversacional para los adultos y también estamos incursionando en un programa de mujeres por medio de la fundación. Se llama Able porque creemos que nuestra misión es empoderar a la comunidad, por eso se llama Able.

Vía: El Espectador

Por: Edwin Bohorquez

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