agosto 5, 2021

 

Impactar comunidades que durante décadas han sido golpeadas por los efectos del narcotráfico, la violencia y el olvido del Estado es una de las tareas más complicadas para quien busca emprender y lo hace desde su propósito de sostenibilidad e inclusión social.

Sin embargo, Christian Celis, director de Asociación Agropecuaria de Campesinos, Hernando Troches, Asohetro, tuvo el toque secreto en forma de estrella, las mismas que se iluminan dentro de uno de los territorios más extensos en el norte del departamento del Cauca: el Sacha Inchi.

Un fruto que encontró en una excursión a Perú, como si hallara el tesoro perdido. Con visión al detalle, observó que los territorios donde se producía esta semilla eran muy similares a los territorios de Buenos Aires, Cauca, de donde es originario y donde ha impactado a más de 150 familias en los últimos cinco años. La región de San Martín, en el país inca, le permitió explorar en sus rojas tierras la posibilidad de sembrar el futuro de Buenos Aires.

Su inicio fue frustrante. Más de 2.600 plantas de este desconocido, pero particular fruto, se perdieron por no conocer del arte de la agricultura. Christian es abogado de profesión.

“Sin duda el Sacha Inchi es un fruto que aún no conocemos mucho, pero que es muy apetecido en Europa y en Estados Unidos. Yo me lo encontré en el viaje, lo traje y no supe cómo sacarlo adelante. Pero no me rendí. Estudié, me preparé, consulté con personas que sí saben del tema y terminé generando, hasta ahora, más de una hectárea de crecimiento en mi sector”, indicó Celis.

Y este impacto se transformó en conocimiento para los demás. Su principal tarea desde entonces fue dar a conocer las bondades de una planta que termina juntando los componentes nutricionales de múltiples alimentos como el omega 3, 6 y 9, distintas proteínas que superan las producidas por la soya y la quinua.

“Es el alimento ideal. Desde hace cinco años venimos trabajando con las comunidades afrodescendientes del norte del Cauca y la comunidad indígena del Cabildo Aguadas, en Buenos Aires y en ellos hemos visto su diferencia nutricional. Hoy las personas de estas comunidades encontraron, más allá del ingreso económico, una forma distinta de mejorar su calidad de vida”, explicó.

Santa Catalina es la marca que comercializa Asohetro

Y es que sembrar Sacha Inchi es el negocio perfecto. A diferencia de otros productos como el café o cualquier tubérculo, que solamente tienen dos o tres cosechas durante todo el año, la siembra y recolección de este producto tiene un lapso de 15 días. La rentabilidad es ideal en un territorio donde abunda la falta de oportunidades y se reconoce en los últimos años como foco de actividades con hoja de coca para negocios del narcotráfico.

“Eso es lo que más le ha gustado a la comunidad porque ve el dinero en sus manos mucho más rápido. Eso lo hemos aprovechado para poder generar una educación financiera mucho más rápida y efectiva, ya que recogen su producido mucho más rápido y tiene flujo de caja. El Sacha Inchi entonces se convierte en un beneficio económico, nutricional y educativo para la generación de más empleo”.

En cifras, la siembra de una hectárea de Plukenetia Volubilis o más conocida como Sacha Inchi, requiere de 1.200 plantas, las cuales, cada una, genera un kilo de este producto. En el mercado, y gracias a la educación, con la liberación de intermediarios, es vendido a $4.000 pesos el kilo, generando recursos hasta de $4.000.000 por hectárea, cada quincena.

Y todo, todo, tiene un antecedente. Este trabajo se inspiró en el legado que dejó Don Hernando Troches, abuelo del emprendedor social que lidera la Asociación y quien por décadas hizo la misma labor con comunidades del norte del Cauca con la yuca, sacando el almidón que era vendido en panaderías de Cali, Santander de Quilichao y Popayán.

“Fue un hombre de la región que se preocupó por trabajar con la gente y eso ayudó a muchos. Aquí seguimos mi tío, que es su hijo, mi mamá, mi esposa y yo, liderando el proyecto, y queremos seguir ayudando por medio del emprendimiento social a personas que encuentran una nueva salida a su situación social”.

Situación que no es nada fácil. El sector que rodea a Buenos Aires, Cauca, son tierras que durante muchos años, y actualmente, está atestadas de siembra de hoja de coca y minería ilegal, que terminan siendo el único camino de los jóvenes cuando salen del colegio.

“Acá no tenemos más oportunidades. Somos muy pocos los que logramos acceder a la educación superior. Acá no tenemos un SENA, no tenemos empresas privadas que nos brinden oportunidades. Estamos en un territorio donde el 90% son zonas rurales y lo único que queda es ser minero o rayar coca”, contó el director de Asohetro.

Por eso, y finalmente, la ayuda y aparición de proyectos como los que lidera RECON, en donde se logra visibilizar ante el país y el mundo las acciones que se trabajan en territorios recónditos, se convierten en la ventana ideal para su proyección.

“Es muy importante porque RECON nos ha visualizado en un territorio totalmente olvidado, nos ha permitido relacionarnos con entidades del Gobierno, que la gente sepa que queremos salir adelante, legalmente”.

Hoy su sueño se enfoca en seguir creciendo en credibilidad y fortalecer la marca región, Santa Catalina, con la que buscan mayor reconocimiento internacional. Que cada vez sean más las personas que encuentren en el Sacha Inchi y en Asohetro, la combinación ideal para impedir seguir siendo víctimas de una violencia que no escogieron vivir y que, por el contrario, escojan en el fruto caído del cielo, la esperanza de encontrar nuevos horizontes, con seguridad alimentaria, financiera, e incluso ambiental.

https://youtu.be/sjIRuePdwO0

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