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POEMAS POR LA PAZ

Siendo Colombia un país plurietnico y multicultural como lo sustenta la constitución política, es importante reconocer que parte de esta multiculturalidad se encuentra asentado en el cordón del pacifico colombiano y en especial en la costa nariñense conformada por 10 municipios entre ellos, El charco. Un territorio donde la vida era sagrada, el respeto por los demás era una ley empírica que nos fortalecía en una convivencia donde no solo se respetaba al anciano, sino que este como conocedor de sus saberes ancestrales solía sentarse en los atardeceres, a la orilla del rio tapaje a contar historias y cuentos, que no daban pie para pensar más allá de vivir para contar. Y seguir construyendo en medio de actividades cotidianas que generalmente nuestros antepasados la ejercían mientras relataban poesías y cantos donde la letra no era necesaria porque se escribía con el corazón y se leía con el alma; así eran felices en un pueblo de puertas abiertas. Esa misma puerta, que desde hace unos años y producto del conflicto armado se ha cerrado y ha terminado con la libertad de expresión que era cotidiana hasta desde los balcones de las casas. Muertes, amenazas, secuestros, reclutamiento y demás acciones producto de una guerra ajena, llegaron a este pueblo para intimidar a su población, dejando como resultado un sistema de a-culturización reflejadas hasta en letras que incitan a la guerra, la misma que atenta contra los derechos de líderes, lideresas y de toda una población. Ante lo anteriormente expuesto, hemos considerado importante fortalecer el territorio desde el reconocimiento de su pasado, donde la oralidad como una tradición cultural sea el pilar fundamental en un territorio sufrido y abandonado, todo esto sin negarnos a que es necesario articulando nuevos mecanismos que co-ayuden a la construcción de una memoria, teniendo en cuenta a quienes hoy tienen la destreza o facilidad de convertir la oralidad en un texto o video, que salga desde el territorio a los llamados espacios del pensamiento académico. De esta manera, los nativos tendrán la posibilidad de salir del anonimato y navegar por el rio tapaje, contando y narrando acontecimientos y hechos, que se convertirán en espacios lúdicos y de aprendizaje en habitantes a falta de oportunidades que viven en incertidumbre y clamando un escenario en paz. Donde el dolor que perdura en el corazón de padres e hijos, por culpa de la guerra, se convierta en un arte sanador. Porque cuando recueras, narras, lloras y perdonas, sientes paz en tu corazón.
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