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El inventor de las cosas sencillas

El apartamento en que vive Felipe Betancur está atiborrado de objetos que, vistos por cualquiera, carecen de utilidad en la vida práctica: controles de Play Station que no funcionan, pelotas de baloncesto cortadas por la mitad, tubos de pvc arrumados.

El escritorio, en donde trabaja Felipe por horas, está anegado por adminículos coloridos y curiosos, como un mouse que se maneja con el pie. El recinto, en fin, parece el laboratorio en que un inventor, en largas y febriles jornadas, perdió la razón en busca de un invento que le diera la gloria.

Pero no es así. Felipe Betancur trabaja desde hace años para crear objetos que puedan hacer la vida más fácil a las personas que tienen algún tipo de discapacidad. Hasta el momento ha logrado 150 desarrollos para estas personas. Pero el trabajo sigue y la meta es presentar 80 nuevos inventos al concurso ‘Ayudas técnicas de bajo coste’, en España, que tiene la convocatoria abierta hasta el próximo 15 de junio.

Por eso Felipe trabaja maratónicamente desde las 8 de la mañana hasta las 10 de la noche; en el momento está trabajando en una silla de ruedas para niños, pues dice que no ha visto este producto en el mercado colombiano.

Control de televisión para personas con poca movilidad.

Foto: Guillermo Ossa / EL TIEMPO

Otro de sus inventos clásicos, como el mouse para el pie, es un mecanismo para utilizar el teclado para personas que no tienen movilidad en sus manos. La persona se pone una gorra y esta, a su vez, tiene un tubo delgado con el que al mover la cabeza, puede teclear con facilidad.

La idea de ayudar a las personas con discapacidad no surgió de manera espontánea de la cabeza de Felipe, sino que se fue formando lenta y constantemente. “Siempre he sido un enamorado de la tecnología, de la inventiva de MacGyver. En el colegio, cuando hacíamos la feria de la ciencia, yo inventaba cosas que luego le vendía a mis compañeros”, cuenta.

Durante 14 años trabajó haciendo ventas por internet. Traía aparatos raros y curiosos desde China y los vendía a sus clientes en Medellín. Ahora, por ejemplo, tiene un reloj al que se le activa un botón y sirve como encendedor. Con orgullo, dice que lo trajo desde China y no vale más de dos dólares. Pero con los años se desencantó de las ventas; no le encontró más sentido al mercantilismo. “Sentía que necesitaba ayudar a las personas”, dice.

Entonces recorrió los barrios de la ciudad llevando regalos a los niños, organizando jornadas de salud para los adultos. Esta loable labor le dejaba lleno de satisfacción, pero el sentimiento no era completo. “Íbamos un día y les llevábamos los médicos para que los examinaran, pero la cosa se quedaba ahí. Entonces, me empecé a preguntar qué pasaba con esas personas. Era solo un día de ayuda, ¿después qué?”, reflexiona Felipe.

Uno de los inventos es una cuchara que le permite comer de manera autónoma a personas con movilidad reducida.

Foto: Guillermo Ossa / EL TIEMPO

En esa época, junto con otras dos personas, creó la fundación ‘Todos podemos ayudar’. La idea era que cada persona pudiera aportar desde su conocimiento.

Fue así como Felipe entendió la forma en que podía ayudar a la gente de una manera más constante y profunda.

Puso el uso de la tecnología y su inventiva al servicio de la gente y logró su primer invento: el mouse que se maneja con el pie. “Es muy sencillo y barato, solo tomé un cucharón y le abrí un hueco al mouse. De esta manera la persona puede manejar el computador y no tiene que invertir 4.000 dólares que vale traer un aparato para este fin desde Estados Unidos”, explica Felipe.

Esa es la principal diferencia entre sus inventos y los que ya están en el mercado. Un balón para ciegos traído desde el exterior, que es donde los fabrican, cuesta 1.200 dólares. Él, con un balón y unos cascabeles, logra hacer uno por unos 15.000 pesos.

Ser ingenio, y las ganas de ayudar a la gente, lo llevaron a recorrer 121 municipios del departamento. En ellos, hizo capacitaciones para enseñarle a la gente cómo ayudar a personas con discapacidades.

Dice que durante seis años viajó por los municipios más recónditos, lugares en los que las condiciones pobres y la naturaleza indómita hacen la vida mucho más difícil. En esos territorios dictó talleres y pudo conocer ‘la Colombia real’, como él mismo dice.

Con esta creación, las personas invidentes pueden practicar sus destrezas con el tacto.

Foto: Guillermo Ossa / EL TIEMPO

Como resultado de esa titánica labor resultó otro proyecto para ayudar a la población con discapacidad: una aplicación móvil que sirve como guía para tratar las diferentes discapacidades.

Por ejemplo, los 10 tips más importantes para ayudar a un mudo, o a una persona que no puede ver. El público principal para la aplicación serán los maestros de escuela.

Felipe, con el objetivo de llegar a más personas, abrió hace unos años una cuenta en Youtube en la que expone sus inventos y hace capacitaciones para ayudar a discapacitados. La cuenta ‘Todos podemos ayudar’ ya tiene 187.000 seguidores

Pero, a pesar de su ingenio, no ha patentado ninguno de sus 150 desarrollos. “Yo hago innovación social, lo que me importa son las personas, no la plata”, concluye.


Vía: El Tiempo

Escrito por: Miguel Osorio Montoya

migoro@eltiempo.com

@MiguelOsorioMon 

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